Mi jamón, mi jamonero

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Si eres lectora habitual, habrás leído más de una vez mis desventuras de niña comedora. Aún hoy, muchos años después, tengo que escuchar en las reuniones familiares, como podía sobrevivir comiendo una loncha de chorizo al día. Seguido por: “Y mírala ahora, que lustrosa está”. Ejem, ejem.

O como en aquella ocasión en la que me ingresaron por convulsiones febriles (tendría unos 2 años) y me alimenté a base de pipas.

Con la infancia más que superada, sigo siendo de salado.

Otro de los recuerdos de mi infancia es el jamón. En mi casa siempre ha habido una pata de jamón colocada en su jamonero. Mi padre me tenía prohibido acercarme a ella por dos razones:

  1. El evidente riesgo de cortar jamón para una niña.
  2. Cada vez que lo cogía le hacía unos destrozos enormes y el jamón pasaba a tener escalones. Amén de tener que comer jamón con un grosor que lo hacía incomestible, jajaja.

Así que tenía a mi padre esclavizado y cuando conseguía que me cortase jamón no le dejaba escapar. Recuerdo el ritual de coger el jamonero, destapar el jamón y empezar a cortar. Y mientras él iba cortando, yo iba comiendo.

Cuando me independicé, seguí con la costumbre de tener mi jamón en su jamonero. Y alguna vez, he pillado a un gato tan amante del salado como yo, dando buena cuenta de este manjar. ¡Es lo que tienen los gatos! Aunque los perros no se han quedado atrás y se han dado un buen festín. Aunque todo esto nunca podrá superar a aquella ocasión (y que cuento siempre que tengo oportunidad) en la que la perra del hermano de mi amiga Paqui se comió un queso de Cabrales de una sentada. ¡Y sobrevivió!

Así que entre animales devoradores de jamón y demás avatares, un día me harté y decidí mandar el jamonero a tomar viento fresco y comprarlo al corte. Pero con la capacidad de consumo que tenemos en esta casa, no es nada rentable. Y como siempre nos regalan alguna pata, toca comprar un nuevo jamonero.

Y jamás habría imaginado lo que podría dar de si esto. ¡No recordaba que existiesen tantas opciones! Pero siempre hay alguien dispuesto a hacer una selección previa de los mejores jamoneros en materiales como acero o madera

 

Alicia Jones en busca del jamonero perdido:

Mi primera opción es un jamonero de acero. Me gusta muchísimo la madera y, además, pega más con mi cocina (momento superficial total, jijiji) pero es más complicado hacer una buena limpieza. No tanto por el jamón en sí, porque no es un medio muy apropiado para que crezca nada, si no porque para quitar la inevitable grasa del jamón lo veo más complicado.

Me parece genial la idea de los jamoneros basculantes, pero fuera de hostelería, no lo veo. Tienen que ser comodísimos para cortar, pero no son muy baratos que digamos. Después, la opción de un jamonero vertical es la que más me gusta. Por unos 40€ puedes tener un jamonero más que decente. ¡Y de acero inoxidable!

Por supuesto, a un buen jamonero tiene que acompañarle un buen jamón y unos buenos cuchillos 😉 No olvides que cuanto más afilado es un cuchillo, menos difícil es sufrir un accidente. Aunque de miedo ver ese filo tan pulido. ¿Puede haber algo más interesante que ver a alguien manejando un buen cuchillo? Es uno de mis “guilty pleasures” cuando voy a hacer la compra.

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